Estimada Comunidad IPE, estudiantes participaron en el primer concurso organizada por la Universidad de Valparaíso, de «Relatos Escolares Futboleros».

Los relatos debían estar inspirados en la actividad del fútbol femenino o masculino. En este concurso se premiaban a los 3 mejores relatos y se reconocieron dos menciones honrosas.

Con la gestión de la Profesora de Educación Física, Daniela López, y el apoyo literario del Profesor de Lenguaje, Jorge Yáñez; estudiantes de nuestro colegio participaron.

Felicitamos a:

  • Matías Amaro Escárate Prieto/ II°Medio – SEGUNDO LUGAR
  • Gastón Rafael Villarroel Godoy/ III°Medio – MENCIÓN HONROSA

De parte de toda la Familia IPE, felicitamos a estos dos estudiantes quienes se destacaron.

Con ustedes dejamos adjunto los relatos ganadores. ¡Que los disfruten!

UN ACUERDO IMPOSIBLE                                                                                                          

– A ver, compadre, usted sabe lo que tiene que hacer, ustedes ya lo tenían todo acordado, estos gallos demás que ni saben de fútbol y demás que con dos palabras que le digas a tu amigo ese… ¿Cómo se llamaba? El Pedro, Pablo… ¿Contreras? Ah no, ese es el otro. Bueno, el que salió ayer en Chilevisión metiendo el tremendo gol ese, ¡qué golazo!… dos minutos para que termine el partido y de media cancha compadre, ¡media cancha! Les metió un gol a esos charrúas, tremendo cabro ese, niño prodigio se le debería llamar, veintidos años y ya anda en las ligas mayores. Demás que usted le dice al cabro que no le chutee tan fuerte, y listo, falla el penal, pierde el partido, y usted se lleva dos palos para el bolsillo. Perdóneme don Martín, ¡pero le salió negocio redondo compadre!

– Don Augusto, ¿usted sabe para donde nos dirigimos verdad?, estos no son unos señores cualesquiera que se contentan con hacer trampa en un partido amistoso, o que se hacen un grupo de Whatsapp para pasarse las respuestas de las pruebas del colegio. No señor, estos señores son tema serio, si me eligieron solo a mí para hacer este tratado, de forma directa y cerrada, y no lo hicieron de forma más general y con gente más profesional, es porque no quieren que se sepa nada del caso, yo voy porque soy el asesor de Nicolás Fuentes, y suerte que usted es mi socio de negocios, porque, por lo contrario, seguramente lo harían desaparecer de este país, le encañonarían, y hasta ahí llegó don Augusto Díaz.

– No le tire tanto ají al pebre, Martín González, que de lo contrario se termina quemando. Usted se tiene que mojar el potito en este negocio, no le tenga miedo al éxito compadre, póngase modo tiburón señor, o se va a empezar a parecer a mi Josefa, ocho añitos que tiene y ya cree que es valiente para ver cosas de miedo para adultos, pero ahí se va a llorar después porque le tiene miedo al “esesepe” ese, que cree que esas tonteras son reales, y no se puede dormir, puras fantasías nomás. Así lo veo a usted señor, parece un cabro chico miedoso, asustado por no dar un paso adelante. ¿Y sabe don Martín? Si los mafiosos tan peligrosos estos de los que me habla llegan a darse cuenta de que usted tiene miedo, se lo van a comer vivo señor, mínimo le terminan pagando dos pesos. No señor, usted tiene que tener la cabeza alta, mirarlos a los ojos y sacarles cada peso de su billetera, si quieren hacer trampa en la clasificatoria de la copa libertadores es porque tremendo negocio que tienen armado estos santiaguinos, y usted es la única forma de cerrarlo, así que vamos nomás señor, total si no resulta, no resulta nomás, y perdemos los cinco palos que nos llevaríamos para el bolsillo, y nos vamos a la Caleta del Membrillo a comernos un congrio al horno, ahí con su pebrecito, rico ¿no?

-” Perdemos los cinco palos nomás” dice, bueno vamos y terminemos con esto de una vez, que si no me reventará la cabeza. Aunque de todas formas el congrio estaría bueno.

Y así fueron camino a la reunión con los “mafiosos estos”, don Martín estaba que se arrancaba las uñas de tanto comérselas por los nervios, y Díaz no más que estaba fumándose un pucho, dejando todo el auto de don Martín apestando a tabaco. Ya iban dos horas de viaje a Santiago y el olor de El Canelillo y de sus frías aguas ya había quedado en el olvido, y la peste de la contaminación, el encierro y la suciedad de la capital ya había penetrado en los pulmones de los señores bien vestidos.

Llegaron a su destino. La pequeña choza era un lugar viejo, sucio, y tenía una atmósfera sombría. Los dos caballeros ingresaron, González estaba que se quedaba sin dedo que morder, y Díaz reflejaba un aura de despreocupación y obstinación. Entraron al lugar y cuatro hombres corpulentos sombreaban a un elegante y arrogante hombre que los estaba esperando. A su lado, se encontraba el joven Nicolás Fuentes.

– Buenos días señor González y señor… Díaz ¿verdad?, los he estado esperando… por favor, siéntese, tenemos mucho de que conversar.

Dos horas pasaron y los caballeros salieron del lugar, González parecía aliviado al sacarse la carga de encima, y al tener lo que parecía ser un maletín lleno de dinero.

– Vio don Martín, se lo dije, ¡era solo decirle que le pegue más despacio y listo!

MATÍAS  AMARO  ESCÁRATE PRIETO
II MEDIO
INSTITUTO PRESIDENTE ERRÁZURIZ. LAS CONDES. SANTIAGO

SEGUNDO LUGAR

EL  YETA

Mi familia me obligaba a ir a ver a Curicó Unido, hasta que descubrieron que era yeta.

A mí no me gusta el futbol, y quizá fue lo mejor que me pudo haber pasado ser yeta. Siempre que me llevaban al estadio del Curi, perdía de forma estrepitosamente humillante.

Mientras nos comíamos otro gol, mi padre refunfuñó algo en voz baja que sonó como: “Pa mí que el Gastón es yeta”.Mi hermano mayor le puso una cara de terror contenida y lo retó disimuladamente: “Papá, ¿Cómo se te ocurre acusar a un hijo de algo así y aquí? Lo pueden matar”.

– Tení, razón, perdón, asumió humillado mi padre por su exabrupto. Pero mi hermano del medio, siempre tan ingeniero, sepultó la calma.

–  En todo caso, lo avala la matemática. Diez partidos que hemos traído a Gastón y los diez perdidos. Mi madre, que, hasta ese momento, permanecía en silencio, estalló en llanto.

Al momento de decir eso, mi familia se descompensó, y comenzaron a retarme. Yo no podía entender que les pasaba, y lo peor aún, es que me dejaron de llevar, y el Curi seguía perdiendo, de una forma igual de humillante. Incluso el rumor de que era yeta se esparció por todo Curicó, y desde ahí en adelante me empezaron a llamar como “El Yeta”. Lo único bueno es que, desde ese descubrimiento, no pensaron más en llevarme al estadio

A mi no me podía importar menos que me vieran así, ya que, parece que soy la única persona en todo Curicó, que no le importa el futbol. A raíz de eso, la gente de la ciudad, me empezó a hacer el quite. No me invitaban a las fiestas, y mis amigos me molestaban por esta estúpida superstición.

Cuando comenzó este trato hacia mí, decidí volverme el mayor enemigo de Curicó.

Empecé a ir a Talca.

“Talca, Paris y Londres”. Esa es la frase innombrable dentro del mapa de Curicó. Si alguien decía eso, especialmente en el clásico del torneo entre estos dos equipos, en la barra de Curicó, podían incluso llegar a matarlo. Si no por nada, fueron la primera barra brava de tercera división.

En mis viajes a Talca conocí a la hinchada de Rangers, sorpresivamente el tío que vende los sanguches de potito dentro del estadio, me reconoció.

  • ¿Vos no soy el yeta que hace que los malos del Curi pierdan, aunque jueguen solos?
  • Eso dicen, le respondí

El señor sacó su celular y se sacó una selfie conmigo y me obligó a comerme un sanguche de potito, algo que pensé que nunca haría en mi vida, pero se lo debía a mi público.

Después de saber que era un ídolo en Talca, me llevó a conocer al equipo y al DT. Me sentí como Harry Potter cuando llega a Hogwarts, pasé de la indiferencia, a la fama. Después de eso conocí a un tipo amable fuera del estadio, le decían el Tacho, y por lo que dijeron era el yeta de Rangers, y era más yeta que yo.

Me invitaron a comer, y en la noche, cuando me iba a devolver para Curicó, me noquearon. Al cabo de unas horas me desperté, atado a una cama.

¿Vo sabí porque estai aca po o no? Porque mañana está el clásico del torneo, y tú vas a ir al estadio si o si, para que gane Rangers. – Dijo el Tacho

-Pero no me gusta el futbol, y no creo en supersticiones

– A mi me gusta el futbol y no me dejan verlo en el estadio por yeta, así que no te quejí. Y no son supersticiones, son verdades.

Después de eso, me dejaron atado a la cama, y al día siguiente me llevaron a Curicó a ver el partido. El estadio estaba lleno, incluso la barra del Curi, ya estaba instalada en el cerro con vista a la cancha. Me disfrazaron y me pagaron la entrada, y estuve en la barra de Rangers como infiltrado.

En todos los pésimos partidos que había visto en toda mi vida, este por lejos, era el peor.

Los jugadores no le pegaban a la pelota, hubo un autogol por cada equipo, tres expulsiones, y dos lesiones por cada lado. Fueron a penales, porque era la final del torneo, que siguieron igual de sufridos para las barras, e igual de fomes para mí. En el último penal, el jugador estrella del Curi, le pega al palo, y al momento de que el arquero de Rangers toma el balón, se le cae dentro del arco, mostrando los cierres de partidos más nefastos nunca contados. Nadie podía explicar lo que pasó.

Después del partido se disculpó conmigo la barra de Rangers, y mi familia descubrió que asistí al estadio, quitándome mi etiqueta de yeta. Cuando me iba a ir para mi casa, afuera del estadio me encontré con el Tacho:

-Pésimo el partido, nunca pensé que iba a ver unos penales tan malos en mi vida. -me desahogué

– Lo mismo pensé, vomitó el Tacho al tiempo que me miró con unos ojos abiertos por un golpe de adrenalina

Sentí algo raro y cuando lo iba a analizar con detención, la salida de los jugadores de Rangers y su DT, salpicados de maldiciones en chileno, me distrajo -Era, ya pasó

GASTÓN  RAFAEL  VILLARROEL GODOY.
III MEDIO
INSTITUTO PRESIDENTE ERRÁZURIZ. LAS CONDES. SANTIAGO

MENCIÓN HONROSA